Biografía de Salomón

Salomón fue un profeta judío y uno de los personajes bíblicos más emblemáticos. Fue el último y tercer rey de Israel. Gobernó el antiguo reino unido de Israel durante 40 años. Famoso por cultivar la cultura, por su habilidad política y por promover majestuosas obras arquitectónicas, entre ellas el primer Templo de Jerusalén. La prosperidad que caracterizó a su gestión en materia cultural, política y comercial, determinó que su tiempo se conciba y designe como La Edad Dorada de Israel. Ejerció un férreo control sobre las rutas comerciales más importantes de aquella época. Expandió su poder sobre toda la región mesopotámica. Fue hijo del Rey David, quien también gobernó cuatro décadas. A instancias del islam está considerado como un influyente profeta. Mientras que en el Hermetismo está vinculado con la magia y el saber oculto.

1010 a.C.

Habría nacido, en Jerusalén. Fue el décimo hijo del rey David con su esposa Betsabé. Todo lo que se sabe de su vida y obra trascendió a través de la Biblia.

965 a.C – 928 a.C.

Asumió como Rey y gobernó el Antiguo Reino Unido de Israel antes de la muerte de su padre, quien entre otras recomendaciones y mandatos le pidió que respetase y obedeciese a Dios por sobre todas las cosas, sus mandamientos, decisiones y opiniones.

Se enfrentó a su medio hermano Adonías, quien encabezó varias rebeliones para derrocar a su padre. Todas ellas fueron sofocadas David y luego por él mismo.

Cuando Adonías osó proclamarse rey lo mandó a matar.

Sabio y poderoso

Dios lo premió con el don de la sabiduría y el saber, tras recibir un pedido conmovedor de su parte, ante la inminencia de tener que gobernar el vasto reino que heredó También le entregó honor y riquezas que supo combinar como ningún otro rey israelí para hacer aún más notable su gobierno.

La prosperidad y el éxito de su gestión fueron inmediatas y cruciales para trascender históricamente.

La Edad Dorada de Israel

Entre otras reformas y contribuciones mejoró las defensas del territorio, creó más puestos de trabajo para los habitantes, expandió su corte, estableció impuestos que mejoraron las finanzas del reino.

Exportó minerales a Etiopía y Arabia a cambio de oro, plata, asnos y marfil, y cobró altos impuestos a las caravanas de camellos.

La bonanza económica no impactó únicamente a su favor y el de su corte, sino que también multiplicó la riqueza de sus súbditos, hecho que por supuesto le reportó apoyos y popularidad.

Desarrolló un exitoso sistema de comercio terrestre y de ultramar que supo proteger a través de una poderosa armada y ejército, que cuidaron cada ruta comercial y cada activo que ingresó en el reino.

En la Biblia, incluso, se hace referencia a la prosperidad de su gobierno, diciendo que, en aquellos años, el oro y la plata, eran tan comunes como las piedras.

Dividió al territorio en doce distritos y le impuso a cada uno de ellos un jefe, una concepción ciertamente moderna de distribución de poder.

Aunque vivió en un tiempo acostumbrado a las cruentas guerras, las invasiones y las conquistas fue un rey que pregonó el pacifismo, con la palabra y con las acciones.

Ahora bien, tampoco pecó de ingenuo en este sentido y supo proteger, como se señaló, las diversas entradas a su reino con sólidas guardias compuestas por tropas, carros, muros y caballerías muy valientes y aguerridas.

Las monumentales obras públicas que proyectó no tuvieron nada que envidiarle a las de sus colegas los faraones egipcios, en ningún aspecto, incluso, en la utilización de mano de obra esclava para concretarlas, a toda cosa, incluso de la sangre y la muerte de estos.

Contrató carpinteros, arquitectos, albañiles, especialistas en metales, porque las minas de cobre y de hierro proliferaban en la zona, e hizo traer de Fenicia los materiales más lujosos.

La obra más famosa e impactante que legó fue el Templo de Jerusalén, cuyo objetivo fue erigirlo como la morada eterna del Arca de la alianza y los rollos de la ley de Moisés.

Otro aspecto de su gobierno que cultivó y destacó, fueron las relaciones exteriores, gracias a las alianzas que estableció con naciones muy poderosas y cercanas, como Arabia y Egipto.

El formato más común que usó fueron las concertaciones de matrimonio y la entrega de concubinas. Se calcula que tuvo unas 700 esposas y 300, respectivamente.

Con la Reina de Saba (actual Yemen) mantuvo una relación que mezcló la política con el amor y que pasó a la historia justamente por la combinación de estos condimentos. La Biblia relata que la monarca quedó fascinada y sorprendida no solo por las riquezas de Salomón sino también por la sabiduría que lo caracterizó.

Ella lo ayudó a abrir y a mantener sólidos vínculos políticos y comerciales con otros monarcas árabes.

Célebre autor

Cultor de un prolífico perfil cultural, se le atribuye la autoría del Libro de Proverbios, el Cantar de los Cantares y el Eclesiastés, todos ellos textos bíblicos. Y más allá de la Biblia fue autor de canciones, historias, obras científicas, poemas, entre otras temáticas y géneros.

El final de su gobierno fue deslucido y quedó atrapado por insurrecciones y ataques de pueblos vecinos y foráneos.

Por otra parte, quedó preso del culto a los ídolos, permitiendo no solamente que en su reinó se los adore, sino que él mismo cayó en la idolatría.

Sus alianzas matrimoniales interculturales tuvieron mucho que ver con esta situación y terminó perdiendo el favor de Dios.

De todos modos, no lograron opacar sus fantásticos progresos y aportes en la construcción de un pueblo que se erigió en un referente político, cultural y religioso de la antigüedad.

931-928 a.C.

Habría fallecido, en la ciudad de Jerusalén, por causas naturales, a la edad de 80 años. Fue sucedido por su hijo Roboam quien terminó provocando una guerra civil y el final del Reino Unido de Israel.

Autor: Redacción Quien.NET.

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