Biografía de Moisés

Moisés fue un profeta israelí. Referente absoluto del pueblo judío que además lo consideró un legislador de su normativa. Es una de las figuras y personajes más trascendentes del Antiguo Testamento de la Biblia. Su vida y obra aparecen relatadas en los libros bíblicos: Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Considerado como un influyente predicador de la palabra de Dios para todas las religiones abrahámicas. Guía y libertador del pueblo hebreo. Lo liberó de la esclavitud a la que lo tenía sometido los egipcios y lo condujo a la tierra prometida tras sellar una alianza con Dios. Fue el articulador y difusor de los 10 mandamientos, consideradas las leyes fundamentales de judíos y cristianos.

Siglo XIV a.C.

Nació en el territorio de Egipto. Fue hijo biológico de Amram y de Jocabed, mientras que su madre adoptiva fue la egipcia Henutmire. Su familia se encontraba bajo la esclavitud egipcia cuando nació. Tuvo dos hermanos Miriam y Aarón.

La esclavitud del pueblo judío

Mientras José, hijo de Jacob, fue gobernador de Egipto, el pueblo israelí gozó de una vida plena, sin embargo, cuando “la era de José” llegó a su fin, los hebreos, fueron sometidos por los faraones egipcios. Los trataron como esclavos. Aún más, preocupados por la alta tasa de natalidad, ordenaron asesinar a los niños israelitas para de este modo detener su aumento poblacional.

Ante este tremendo panorama para los niños, su madre, Jocabed, pergeñó un plan para salvar a su bebé recién nacido: lo colocó en una canasta tejida para que flote y la escondió en las cañas del río Nilo. Le pidió a su hija, y hermana mayor de Moisés, que vigilara la canasta.

Apareció en escena la hija del faraón que se aprestó a darse un baño en el río, observó la canasta y descubrió que contenía un bebé.

Creció entre la realeza egipcia

La princesa decidió salvarlo. Miriam le propuso ayudarla y le ofreció que una mujer hebrea cuide del niño; la princesa aceptó, y entonces, Miriam, lo llevó con su madre y ésta acordó con la princesa que lo amamantaría a cambio de una suma de dinero.

Cuando el niño creció, la princesa lo adoptó y le puso el nombre de Moisés, que refiere “lo saqué de las aguas”.

La historia cuenta que un día vio como un egipcio golpeaba brutalmente a un israelita. Enfurecido, intervino y terminó matando al egipcio a quien enterró para ocultar el hecho.

Huyó de Egipto

Fue perseguido por el faraón cuando se conocieron detalles de su ataque y decidió huir al desierto, donde pasó largo tiempo de modo errante.

La vida de lujos y privilegios como parte de la familia real egipcia terminaron.

Llegó a la zona de Medián donde se propuso descansar.

Mientras permaneció allí, llegaron unas mujeres para sacar agua de un pozo y así dar de beber al rebaño. Fueron atacadas por unos pastores. Las defendió, y tras ese acto heroico, el padre de las mujeres, lo invitó a cenar con ellos.

Al tiempo, le ofreció a una de sus hijas, Séfora, en matrimonio.

Formó una familia con ella y durante muchos años vivieron una vida tranquila.

Liberación del pueblo judío

Dios se le apareció un día y le pidió que deje su vida y vuelva a Egipto para salvar a los israelitas.

Aunque lo dudó, decidió aceptar el reto y regresó a Egipto junto a su familia. Los acompañó su hermano Aarón.

Ganaron el apoyo de los israelitas, sin embargo, cuando le plantearon directamente al faraón la liberación de los israelíes, se negó.

De inmediato sobrevino una represalia contra los judíos; él y su hermano fueron culpados por dicha desgracia y perdieron el apoyo inicial.

Las plagas de Egipto

Comprometido con la misión divina que le encargó Dios, volvió a presentarse ante el faraón con su hermano; esta vez lo acompañó un signo milagroso: arrojó su vara al suelo y se convirtió en serpiente; los magos del faraón emularon lo propio con sus varas, sin embargo, las serpientes que devinieron de éstas terminaron tragadas por su serpiente.

No sirvió de mucho el milagro porque el faraón continuó firme en su decisión, entonces, se produjo una sucesión de plagas que devastaron el territorio: el Nilo se tiñó de sangre; ranas, moscas, mosquitos se apoderaron de la tierra; el ganado murió; los egipcios vieron sus cuerpos cubiertos por llagas; las langostas se comieron los cultivos; el granizo golpeó cada porción de tierra; y la región terminó a oscuras.

Solamente la muerte de su primogénito hizo desistir al faraón de su capricho y finalmente admitió liberarlos.

Éxodo

Durante el acampe en el Mar Rojo, el faraón, retomó sus amenazas y ordenó a sus soldados detenerlos y capturarlos.

Nuevamente utilizó su vara sobre el mar y Dios separó las aguas, permitiendo que el pueblo de Israel cruzase; cuando les tocó el turno a sus seguidores, las aguas cayeron abruptamente sobre ellos y se ahogaron.

Durante todo el éxodo mostró sus cualidades de líder ante la ingobernabilidad de los israelíes quienes se quejaban de su situación y desarrollaron acciones que no hacían más que contravenir el pacto con Dios.

Los mandamientos

Dios le entregó dos tablas de piedra que detallaron los mandamientos que debían cumplir efectivamente él y su pueblo. Cuando llegaron a la base del Monte Sinaí, Dios, lo hizo subir para sellar el compromiso.

Cuando bajó con las tablas, advirtió que los israelitas habían caído en la idolatría: construyeron una estatua de un becerro de oro a la que adoraron.

Le brotó la ira y arrojó al suelo las tablas de piedra que se destruyeron.

Regresó al monte para pedirle a Dios que los perdone y así lo hizo; Dios le pidió que tallase nuevamente las tablas y permaneció allí durante 40 días, rezando, ayunando, y hablando con Dios.

Regresó con la promesa renovada y las tablas de los mandamientos: yo soy Yahvéh tu Dios; no tendrás dioses ajenos delante de mí; no tomarás el nombre de Yahveh en vano; acuérdate el día de reposo para santificarlo; honra a tu padre y a tu madre; no matarás; no cometerás adulterio; no robarás; no hablarás contra tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo; no codiciarás cualquier otra cosa de tu prójimo.

Siglo XIII a.C.

Habría muerto en plena tarea de guía del pueblo judío hacia la tierra prometida.

Una vez en Canaán, Dios, le facilitó la visión de la tan ansiada tierra desde la cima del monte Nebo (actual Jordania) y luego murió.

Autor: Redacción Quien.NET.

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